Hace ya bastante tiempo vengo observando, pero sobre todo sintiendo el significado real de soledad. La cuestión no se fundamenta en la soledad física, la cual disfruto con moderación. Sino en otro tipo de soledad. Un tipo de soledad que suele estar mas cerca de lo emocional e intelectual.

Incluso yo cuando leo esta última frase pienso: Danielito, ¡no seas prepotente! Pero la realidad es tozuda, y realmente escribo lo que vivo a diario.

Mi vida es música. Eso es fácil de comprender. Pero mi vida no es cualquier música y me explico…hace un tiempo descubrí una música que me cautivó como pocas músicas lo suelen hacer. Este fenómeno se repite en mi vida cíclicamente cada poco tiempo. Resulta que cuando descubro algo como esto, necesito escucharlo hasta la saciedad, necesito empacharme de ella, ojear la partitura, sumergirme como un obseso entre su entresijos y finalmente compartirlo. No entraré en si lo comparto porque soy un alma caritativa o mas bien porque necesito la aprobación de los demás. El hecho es que tras compartirlo con algunos músicos y no músicos presentes en mi circulo cercano su expresión no pasó mas allá de un simple chascarrillo: ¿Eso son violas? O algo por el estilo.

Es en uno de esos momentos cuando realmente siento la esencia cristalina de la soledad… por suerte tengo muchos amigos de Facebook y otros tantos seguidores en Twitter. Era la ironía lo que no funcionaba en la tele, no?

Es facil coincidir en que Bach, Vivaldi, Mozart o Beethoven, entre muchos, son genios. De hecho es muy sencillo conectar con otra persona y ser capaz de alinearnos con esa emoción que surca su pensamiento cuando se trata de Vivaldi. El veneciano es terrenal, es carne cruda, es palpable… Incluso el ser mas insensible del universo siente que Vivaldi recarga las pilas que llena de una extraña alegría el ambiente. Ocurre algo parecido con otros tantos genios consagrados de la música occidental. Quizá radique su éxito en la capacidad que tenían para hacernos caminar por senderos luminosos hacía el afecto deseado en un espacio rodeado de la mayor de las oscuridades, donde sacar un pie del camino conlleva la caída en la incertidumbre. Quizá se aprovechaban de nuestro natural miedo a lo desconocido.

Pero que ocurre cuando el que te conmueve las entrañas es un autor desconocido, alguien como decía anteriormente que no levanta esas pasiones a todos. Que exige una sensibilidad especial, casi determinada por genética. Alguien cuyo camino todavía no hemos sido capaces de descubrir. Lo que ocurre lo definía como soledad. Bueno, puestos a fantasear me imagino como debe ser la sensación de encontrar otra alma que sienta lo mismo que yo cuando escucho a uno de estos misteriosos autores. Mi mente lo recrea como una especie de orgasmo emocional donde dos seres se abrazan en uno de los encuentros mas íntimos que el ser humano puede vivir. La conexión emocional.

Una lastima que la mayoría del tiempo vivamos en la oscuridad que genera el miedo a los caminos desconocidos. Yo mientras encuentro mi camino de baldosas amarillas a través de mis auriculares seguiré esbozando una media sonrisa por sentirme afortunado de encontrar todavía belleza en lo desconocido.