Se llama leyenda urbana a todo tipo de relato que se asienta en la sociedad y se convierte en creencia popular y que tan solo cuenta con en el auto convencimiento social como prueba irrefutable de su veracidad. Pongamos un ejemplo, a casi todos los españoles de mi edad (alrededor de los 30) nos sonará la siguiente historia. Corría el año 1999, y en el programa llamado Sorpresa, Sorpresa presentado por Concha Velasco (que todavía no nos anunciaba compresas para las perdidas de orina) supuestamente se había producido un espectáculo bizarro y esperpéntico entre un perro, una chica y Ricky Martin (bote de mermelada mediante). Durante mucho tiempo me odié a mi mismo por no haber sido testigo de un hito televisivo de tal envergadura que superaba con creces el famoso desliz de la teta de Sabrina (el cual tampoco vi, yo llegué al de la Toya Jackson). Pues bien, partimos de la base de que en 1999 yo tenía 14 años, con todo lo que eso implica; mi depresión se hizo patente cuando la mayoría de mis amigos lo había visto, y si no ellos directamente, algún primo suyo de Soria aseguraba que había pasado. Yo me sentí como yo imagino que se podría sentir alguien que no vió el gol de Iniesta en Sudáfrica 2010, huérfano del hito en este caso mas grotesco de mi adolescencia. Supongo que alguno de los que pueda leer esto no me crea y siga pensando que aquello fue cierto, sin ir mas lejos, alguno puede pensar que el cantante decidió repudiar la heterosexualidad tras presenciar aquella escena, y plantea este hecho como prueba de cargo. Pues bueno, aquí tenéis un video con la explicación de la Velasco desmintiendo la historieta:

Bueno, y a todo esto, os preguntareis, ¿qué tiene que ver esto con la música? Aviso a navegantes, no siempre escribiré de música. Pero en este caso voy a intentar poner algo de luz sobre una leyenda urbana que atañe a las cuerdas de tripa. Desde hace algunos años vengo observando como se extiende el rumor entre luthiers, tiendas especializadas y sobre todo violinistas de que algunas marcas de cuerdas usan materiales sintéticos en sustitución de tripa orgánica para realizar las cuerdas que se destinan al violín barroco (histórico o como cada uno lo quiera llamar).

No sabéis como me encanta ver la mirada de superioridad de muchos cuando ven a alguien con ellas listas para sonar en su instrumento. Se puede leer todo lo que pasa por su mente, entre esos pensamientos destaca: Toca con cuerdas de plástico, ¡Vaya principiante! Debo confesar que yo me he sorprendido a mi mismo pensando eso en algún momento, ahora me doy cuenta de que una cosa no tiene nada que ver con la otra. Pero bueno, decidí hace un tiempo no adherirme a este axioma sin antes haber descubierto el origen de las mismas. En concreto, existen varios fabricantes que sin expresar claramente en sus cuerdas el término Nylgut (el cual es material sintético imitando tripa mayormente usado por los instrumentos de cuerda pulsada) han caído bajo la sombra de la sospecha. El hecho es que alguno de ellos, solucionaría su problema si incluyera la palabra Gut en sus cuerdas y listo; como ha hecho Pyramid:

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Pero no, parece que a algunos fabricantes les gusta vivir en la ambigüedad, entre ellos yo destacaría las cuerdas que produce Damien Dlugolecki (http://www.damianstrings.com) y las de Bernd Kürschner (https://www.kuerschner-saiten.de). En ambos casos, cuando hacemos el unboxing (lo siento, me encanta este término) resulta que en vez de encontrar al cordero o el buey mirándonos de frente casi vivo como suele ocurrir con Toro, Follia, Gamut y muchas mas; nos topamos con unas cuerdas casi translucidas y mas cercana al hilo de pescar que nos retrotrae a aquellos veranos en La Manga del Mar Menor. Eso es un shock para el historicista que intenta respirar exactamente las mismas veces por minuto que Vivaldi mientras tocaba el RV541 para no perder la esencia histórica.

Por ello, antes de desmentir su procedencia orgánica, quería en un acto de maldad comprobar que ellos mismos afirmaban en sus respectivas webs que un pobre animalito (ya hablaré de los barrocos veganos algún día) había muerto para que yo tocara algo de Corelli. Así que eso hice, en ambos casos con éxito, Dlugolecki afirma aproximadamente mil veces en su web que sus cuerdas son de tripa. Para muestra un botón:

Duglolecki

En el caso de Kürschner, tras visitar su web encontré esto:

¿Plain Gut? Mi maldad me hizo pensar: ¡Te pillé! Usas algo raro… Así que me puse a investigar sobre ese material, y encontré esto:

plaingut

Resulta que el Plain Gut, es orgánico. También se emplea para suturas en operaciones quirúrgicas entre otras cosas. Pero decidí que no era suficiente con la palabra de estos tipos los cuales imaginé por un momento como se representaba a principio de siglo a los banqueros, regordetes, con frac, chistera, monóculo y puro, pero en este caso con cuerdas para violín en la mano. Así que me dediqué durante una semana a preguntar a fabricantes de cuerdas (de hecho, visité a alguno) si realmente estas cuerdas eran de plástico u orgánicas. Y en caso de ser orgánicas, como conseguían que su acabado final fuera translúcido. Me sorprendió la honestidad de muchos de ellos, podrían haberme dicho: Son plástico, e incluso ganarme como cliente. Pero todos los que me respondieron, me dijeron que era tripa tratada con una serie de ácidos muy potentes, y que tras ser lavada y pulida resultaba de esa manera.

Pese a todo, para que veáis mi empeño, me encerré en casa como el Doctor Frankenstein, listo para experimentar con ellas. Si una cuerda es de plástico -pensé- se verá al romperse. Es decir, se supone que las cuerdas de tripa se componen de un serie de fibras enrolladas, y cuando se rompen aparecen como deshilachadas, es decir, se ve cada una de las fibras rotas, y si fuera plástico simplemente, se rompería por un punto concreto y fin. Así pues, cogí un violín viejo, y puse una de estas cuerda en concreto una cuerda Kürschner 0,62mm barnizada, la estiré con todas mis fuerzas hasta que se rompió, ¿cuál creéis que fue el resultado?:

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En efecto, se deshilacha. Por lo tanto, todo apunta a que son de tripa. Pero dándole otra vuelta de rosca al estilo de las conspiraciones de Tom Clancy, pensé que a lo mejor la cuerda estaba hecha de finísimos hilos de material sintético enrollados y por eso aparecía este resultado al romperse por la tensión. Así que esto me llevó a mi última prueba, si es un material sintético cercano al plástico lo que ocurrirá es que si le aproximo una fuente de calor empezará a derretirse, y no a arder como haría una cuerda de tripa. Así pues cogí un mechero Clipper y empecé a aproximarle la llama, ante la falta de reacción decidí empezar a quemarla directamente. ¿Resultado?

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Cual fue mi sorpresa tras comprobar que el resultado era prácticamente el mismo, tanto la velocidad a la que se deformaban, el tipo de deformación, el olor, etc. La cuerda de la derecha es una Toro de de cordero natural de calibre 72, y la de la izquierda una cuerda Kürschner de plain gut de 76. Debo de reconocer que sometí a mas calor a la segunda porque no era capaz de creérmelo.

Tras todas estas pruebas, concluyo lo siguiente. Primero: A día de hoy estas cuerdas si no son de tripa están demasiado conseguidas, ya que incluso arde, y huele mientras como una de las otras. Segundo: Son cuerdas que a mi parecer no suenan bien, y tienen un timbre en ocasiones desagradable. Por lo tanto jamás las usaría para tocar un concierto. Si bien, si se pueden usar como cuerdas de estudio por su resistencia y durabilidad. Tercero: me debéis 15€ de cuerdas.